La biomasa como oportunidad estratégica
Torroba planteó que Argentina, y particularmente el Norte Grande, tiene una oportunidad que va mucho más allá del mercado doméstico de naftas: aprovechar su disponibilidad de biomasa para desarrollar nuevas cadenas de valor y posicionarse en mercados internacionales de combustibles bajos en carbono. El especialista destacó como una de las principales tendencias globales el crecimiento de la disponibilidad de materias primas a un ritmo muy superior al de la población mundial.
Según los datos presentados, desde 1961 la población aumentó un 166%, mientras que el abastecimiento de caña de azúcar creció 333%, el de maíz casi 500% y el de soja nada menos que 1.379%. "La población cada vez crece más lento y, justamente por esto, tenemos que encontrar nuevos usos para la biomasa", explicó Torroba.
Un mercado que ya produce 180 millones de m3
El mercado mundial produce actualmente alrededor de 180 millones de metros cúbicos de biocombustibles, de los cuales aproximadamente dos tercios corresponden a etanol y un tercio a biodiésel. A esa industria comienzan a sumarse nuevas categorías, principalmente los SAF y los combustibles destinados al transporte marítimo. El biocombustible ya no se evalúa solamente por su capacidad energética, sino también por su huella de carbono.
Torroba señaló que más del 80% del etanol consumido en el mundo se utiliza en países o regiones que aplican criterios y certificaciones de sostenibilidad. "Estamos viendo una tendencia clara a producir un biocombustible que tiene un activo ambiental y a monetizar el activo ambiental", explicó. Para Argentina, la consecuencia es directa: la competitividad futura del bioetanol dependerá de su capacidad para demostrar una menor huella de carbono.
Maíz y caña: la oportunidad de integrar dos cadenas productivas
Otro de los ejes planteados por Torroba fue la posibilidad de ampliar la producción de etanol en el NOA mediante una integración más profunda entre la industria azucarera y el maíz. La región cuenta con excedentes de maíz que podrían industrializarse localmente y, al mismo tiempo, existe una infraestructura industrial vinculada a la producción de azúcar y alcohol que podría ser aprovechada durante todo el año.
El ex director de Biocombustibles de la Nación puso como ejemplo el modelo brasileño de las denominadas plantas flex, que utilizan caña durante la zafra y maíz durante la contrazafra. "Vemos plantas flex que operan en zafra con caña y en contrazafra con maíz. Ahí vemos claramente una oportunidad", sostuvo. A eso se suma una ventaja logística: la materia prima y la producción de etanol se encuentran cerca del mercado regional, mientras que las naftas deben recorrer largas distancias.
India, Estados Unidos y Brasil: mercados que siguen aumentando el corte
La expansión del bioetanol ya está modificando las políticas energéticas de distintos países. India avanza desde una mezcla del 20% hacia el 25% de etanol y comenzó a incorporar vehículos flex fuel producidos localmente. Brasil, por su parte, elevó recientemente su mezcla obligatoria hasta el 32%. Estados Unidos también profundizó sus políticas vinculadas al etanol y los combustibles bajos en carbono.
"En Brasil no se habla de si se puede o no se puede aumentar el corte. En Brasil se habla de cuánto van a aumentar", resumió Torroba. El contraste resulta especialmente relevante para la discusión argentina, donde el Congreso analiza actualmente elevar el corte obligatorio de bioetanol en las naftas desde el 12% hasta el 15%.
SAF: el nuevo mercado que puede multiplicar varias veces la demanda
El mercado que aparece como la gran oportunidad de largo plazo es el de los combustibles sostenibles de aviación (SAF). Según las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía presentadas por Torroba, hacia 2030 el mundo podría consumir entre 9 y 20 millones de metros cúbicos de SAF. En escenarios de mayor penetración, el mercado de SAF podría alcanzar casi 500 millones de metros cúbicos, un volumen equivalente a casi tres veces el mercado actual de biocombustibles.
"En el largo plazo, este mercado es prácticamente infinito para nuestro país", afirmó Torroba. Argentina cuenta con dos ventajas: su disponibilidad de aceites, especialmente de soja, y la posibilidad de transformar el etanol convencional en combustible de aviación mediante la ruta Alcohol-to-Jet (ATJ). "Es agarrar exactamente la misma molécula de etanol que hoy usamos para mezclar con naftas, hacerle un proceso de upgrade y producir SAF", explicó.
La certificación aparece como el primer paso para Argentina
El desafío, según Torroba, es que Argentina comience a trabajar desde ahora en las condiciones necesarias para participar de ese mercado, incluso antes de contar con grandes volúmenes de producción de SAF. "Hoy no estamos produciendo SAF, hay una gran oportunidad de dar los primeros pasos", sostuvo. El primer paso sería demostrar que la biomasa argentina cumple con estándares internacionales de sostenibilidad.
Para ello, planteó avanzar en la certificación de las cadenas de caña de azúcar y maíz bajo CORSIA, el esquema de compensación y reducción de carbono de la aviación internacional. Esto permitiría que la industria argentina llegue a los futuros mercados de SAF no solamente con capacidad productiva, sino también con una materia prima cuyo atributo ambiental pueda ser reconocido y valorizado internacionalmente.
Brasil: medio siglo de política energética detrás del liderazgo en bioetanol
La experiencia brasileña fue presentada en Tucumán como uno de los principales casos de estudio para la Argentina. Marcia Valeria de Souza Alves explicó que el desarrollo del etanol en Brasil comenzó como una respuesta a una crisis energética y terminó convirtiéndose en una política de Estado. El punto de partida fue la crisis petrolera de 1979, cuando Brasil tenía una fuerte dependencia de las importaciones de energía.
"El etanol se utilizó como alternativa para reducir nuestra vulnerabilidad. Y lo que aprendimos es que diversificar las fuentes de energía no es solo una cuestión ambiental, sino también una cuestión económica y de soberanía energética", afirmó. Para la funcionaria, la producción local es una de las principales contribuciones de los biocombustibles, ya que sustituir una molécula importada por otra producida localmente implica más actividad agrícola, más industria, empleo y generación de ingresos.
Una política que combina regulación, mercado y previsibilidad
Brasil construyó su industria a partir de décadas de políticas estables, inversión privada y cambios regulatorios progresivos. Actualmente cuenta con producción de etanol de caña y maíz, biodiésel, biogás, biobutano y una industria en expansión vinculada al SAF. La gobernanza energética se articula a través del Consejo Nacional de Política Energética, el Ministerio de Minas y Energía, la Agencia Nacional del Petróleo (ANP) y la Empresa de Investigación Energética (EPE).
Desde el 1° de agosto de 2026, Brasil lleva el mandato de mezcla de etanol en la gasolina al 32%. El modelo también contempla diferenciación tributaria, precios libres, control de existencias obligatorias y el programa RenovaBio. Para Souza Alves, el punto central es que estas herramientas no funcionan de manera aislada: "Estas políticas actúan de forma complementaria y generan previsibilidad para toda la cadena productiva".
RenovaBio y el valor económico de descarbonizar
Uno de los pilares del modelo brasileño es RenovaBio, creado en 2017, que transformó la reducción de emisiones del sector transporte en un mecanismo de mercado. En 2025, el programa tuvo una meta nacional de aproximadamente 44,4 millones de CBIO, certificados vinculados a la reducción de emisiones de carbono. Para Brasil, el mecanismo permite combinar seguridad energética, desarrollo económico y reducción de emisiones.
Souza Alves explicó que Brasil puede llegar actualmente hasta un 35% de etanol, pero que cada aumento requiere estudios técnicos. En 2025 se realizó un estudio sobre una mezcla de 30% de etanol, con pruebas sobre 16 vehículos y 13 motocicletas, que concluyó que los vehículos mantuvieron el rendimiento y el cumplimiento de los parámetros ambientales. "El principal aprendizaje es que la confianza regulatoria depende de una base técnica sólida", remarcó.
Etanol más barato y menor dependencia de las importaciones
La experiencia brasileña también aporta argumentos económicos. Según los datos expuestos en Tucumán, el etanol resulta 15% más barato que la gasolina en determinados escenarios. Además, una variación de apenas algunos puntos porcentuales en la mezcla argentina podría representar un ahorro de alrededor de 90 millones de litros de combustibles fósiles al año.
Brasil desarrolló mecanismos específicos para garantizar el abastecimiento. Desde 2011, utiliza un régimen de comercialización basado en contratos de suministro y establece existencias mínimas obligatorias. Actualmente, los actores de la cadena deben mantener un stock mínimo equivalente al 4%. "Producir biocombustibles es importante, pero garantizar el abastecimiento también es fundamental", explicó Souza Alves. "La seguridad energética se fortalece cuando los países cuentan con más alternativas", concluyó.




