Axi (Buenos Aires, 19 de septiembre de 2026).- Los términos de intercambio de Argentina se ubican en su nivel más alto desde 1986, superando incluso los del período 2003-2012, según datos del INDEC. A pesar de este escenario favorable, el crecimiento económico es acotado y no se traslada a mejoras significativas en empleo y salarios.
Un superávit comercial récord impulsado por precios y Vaca Muerta
Argentina se encamina a un superávit comercial de más de u$s20.000 millones en 2026, el más alto en términos reales desde 2009, según estimaciones privadas. Este resultado se explica por una combinación de factores: una actividad económica deprimida en sectores que demandan muchas importaciones, una mejora en las cantidades exportadas —traccionadas esencialmente por el dinamismo de Vaca Muerta— y precios internacionales sumamente favorables. La consultora LCG calculó que la ganancia por términos de intercambio fue de alrededor de u$s350 millones en agosto y acumula u$s1.840 millones en el año, equivalente al 10% del saldo comercial acumulado.
Los factores detrás de los altos precios internacionales
Detrás de esta dinámica de precios está la guerra en Medio Oriente, que generó un fuerte encarecimiento de la energía, sector en el cual Argentina cuenta con una balanza de dólares positiva desde 2024. Además, el precio de la soja tocó recientemente en Chicago su máximo en casi tres años (u$s484 por tonelada al 1° de septiembre), impulsado por el regreso de las compras chinas, el deterioro de las condiciones de cultivo en Estados Unidos y las definiciones sobre biocombustibles. El último boom de los commodities había sido desatado por el conflicto entre Rusia y Ucrania, pero entonces Argentina tenía mayor dependencia de las exportaciones agrícolas y sufrió la sequía de 2023.
La brecha entre los precios favorables y el crecimiento económico
El último período extendido de altos términos de intercambio se ubicó entre 2003 y 2012, cuando el "viento de cola" explicó el crecimiento económico según muchos políticos y economistas. No obstante, hoy los precios son incluso mejores, pero el PBI per cápita creció a una tasa promedio anual del 5,2% en aquel entonces, mientras que en los últimos tres años el crecimiento promedio fue del 1,7%, con retrocesos en empleo y salarios. Guido Zack, director de Economía de Fundar, señaló que una gran diferencia entre períodos es que hoy existen factores de demanda de dólares que antes no estaban, como la deuda externa y la formación de activos externos, que pasó de unos u$s2.000 millones anuales a u$s30.000/u$s35.000 millones.
El debate sobre la política fiscal y el rol del Estado
Zack planteó que el Gobierno enfrenta una disyuntiva: permitir cierta expansión del gasto para recuperar la actividad, resignando algo del objetivo inflacionario, o mantener el equilibrio a rajatabla, positivo para las variables financieras pero con costos en actividad, empleo y pobreza. Por su parte, Hernán Herrera, investigador del Instituto Argentina Grande (IAG), afirmó que la expansión fiscal es el primer driver para que un país crezca, pero requiere fuentes de financiamiento para no derivar en inflación. Advirtió que la mejora en los flujos de divisas y el riesgo país podrían dar lugar a políticas que impulsen la economía, como obra pública o mejoras en los ingresos reales, acompañadas de un plan industrial que priorice sectores y integre cadenas de valor.




