Axi (Buenos Aires, 27 de julio de 2026).- La crisis del estrecho de Ormuz disparó los precios del petróleo y reavivó el debate sobre la transición energética. China, líder mundial en paneles solares, baterías y vehículos eléctricos, optó por recortar sus importaciones de crudo para moderar la suba, en lugar de forzar una demanda masiva de sus tecnologías limpias.
La respuesta de Pekín a la crisis
En lugar de presionar sobre la demanda, China redujo significativamente sus importaciones de combustibles fósiles en los meses posteriores al cierre del estrecho, una decisión de política económica que solo una economía planificada puede tomar. Esa decisión contribuyó a moderar la presión sobre los precios, que aumentaron mucho menos de lo previsto por analistas occidentales. La estrategia contrasta con las expectativas de quienes creían que Pekín aprovecharía la coyuntura para impulsar sus exportaciones de tecnología limpia.
El peso de las exportaciones verdes
Según el investigador David Hart del Council on Foreign Relations, la explicación no pasa exclusivamente por factores políticos. En 2025, China exportó paneles solares, vehículos eléctricos, baterías y turbinas eólicas por aproximadamente US$ 220.000 millones, apenas el 6% del total de sus exportaciones, que alcanzaron US$ 3,77 billones. Cada dólar adicional que los mercados destinan a petróleo es un dólar menos para adquirir manufacturas chinas, cuyo volumen de negocios supera ampliamente al de las “tres nuevas industrias”.
Preservar la demanda global
La factura energética de China se estima en un 11% del valor de sus ventas externas. Un petróleo más caro desacelera la economía mundial y aumenta el riesgo de una crisis internacional, con efectos directos sobre la demanda de exportaciones chinas. El último informe del Fondo Monetario Internacional proyectó un crecimiento global de apenas 3% para 2026, y advirtió que un cierre prolongado de Ormuz podría reducirlo al 2%.
Evolución, no revolución
A largo plazo, la crisis podría acelerar la adopción de tecnologías limpias, pero el proceso será gradual. La transformación del sistema energético mundial avanza como una evolución, no como una revolución. China prioriza la estabilidad económica global sobre maximizar ganancias inmediatas en tecnologías verdes.




