Axi (Buenos Aires, 8 de septiembre de 2026).- La campaña de soja comenzará con condiciones favorables de humedad y clima. Con una superficie agrícola estabilizada, el crecimiento de la producción nacional se concentrará en acortar la brecha de rendimiento en cada lote de cultivo.
La brecha de rendimiento en el país
La producción de soja en Argentina se mantuvo estabilizada en torno a los 47 millones de toneladas anuales, sin registrar grandes variaciones en la superficie destinada a este cultivo. Ante este panorama, los expertos indicaron que el desafío de la campaña radica en achicar la brecha productiva actual, que se calcula en un 34% a nivel país. La firma Neogen presentó propuestas para este ciclo con el fin de elevar los techos y mejorar los pisos productivos de forma eficiente.
Esta diferencia entre los rindes logrados por los agricultores y los máximos alcanzables se puede reducir mediante una integración inteligente de cuatro pilares: genética, ambiente, tecnología y manejo agronómico. Capturar este potencial requiere comprender que la variabilidad no depende de un solo factor. Por este motivo, el foco del sector agropecuario se trasladó del incremento de la superficie hacia la optimización de los recursos y la reducción de la inestabilidad en cada región.
Las variables del sitio y la campaña
Los estudios técnicos indicaron que el denominado componente sitio es el factor que más influye sobre la variabilidad de los rindes, al explicar el 46% de los resultados. Este aspecto incluye elementos críticos como el agua útil del perfil, la profundidad de la napa freática, la fertilidad física y química, la compactación y el cultivo antecesor. El control y diagnóstico de estas condiciones iniciales permiten estructurar decisiones de manejo más precisas para cada zona.
Por otro lado, las condiciones climáticas de la campaña explican aproximadamente el 26% de la variabilidad de los rendimientos, un porcentaje idéntico al que representan las decisiones de manejo y la elección genética juntas. Mientras las variables estacionales como lluvias y temperaturas resultan inmanejables, los productores pueden influir de forma directa en la selección de variedades, densidades de siembra, fechas de implantación, distanciamiento entre hileras y estrategias de fertilización integral.
Nutrición del suelo y manejo específico
Dentro de las variables de sitio, la presencia de napas a una profundidad adecuada actúa como un estabilizador hídrico clave durante períodos de escasez de lluvias. Asimismo, se debe atender el problema de la compactación del suelo, que puede provocar pérdidas de rendimiento que oscilan entre 200 kilos por hectárea en años favorables y hasta 500 kilos por hectárea en contextos con restricciones de agua, especialmente con niveles superiores a 1,9 kPa.
Finalmente, la fertilización con fósforo se presenta como una gran oportunidad para acortar las brechas, especialmente en lotes donde la disponibilidad de este nutriente se ubica por debajo de las 20 ppm. En estos ambientes específicos, el diagnóstico y la posterior nutrición adecuada logran mejoras comprobadas de entre el 5% y el 10% en el rendimiento de la soja. Así, la transición hacia una agricultura sitio-específica permite delimitar zonas homogéneas y asegurar una mayor rentabilidad.




