Riego en forrajes: datos que superan a los cultivos extensivos
Salinas, quien durante más de 30 años lideró el módulo de riego del INTA Manfredi, reconoció que recién ahora analizó en profundidad los datos de sus ensayos aplicados a forrajes. “Los datos los tenía, pero nunca los había analizado. Y después de verlos con atención, diría que hay que darle bolilla, porque los números en productividad y rentabilidad son incluso más contundentes que en los cultivos extensivos”, resumió.
El experto explicó que en Argentina solo el 20% de las áreas con potencial agrícola tienen balance hídrico positivo, concentradas en el centro-este y el Litoral. En ese contexto, ejemplificó con ensayos de maíz bajo riego en Manfredi, que rindieron 12.400 kilos por hectárea, un 50% más que los 8.000 kilos en secano. Sin embargo, destacó que el flete encarece el negocio del maíz para exportación.
Casos de éxito en producción de carne y lechería
En la zona de Deán Funes, noroeste cordobés, un silaje de sorgo regado generó 10.000 kilos de materia seca por hectárea, frente a 4.000 kilos de una pastura megatérmica. Esto permitiría aumentar la carga animal de 1,2 a 3,3 animales por hectárea. “En un campo de 200 hectáreas, si uno incorpora al menos 20 de riego, ese 10% del área permite aumentar el 32% la carga”, sintetizó Salinas.
En lechería, los ensayos en el tambo modelo del INTA Manfredi, con más de 800 animales, mostraron que el riego produce un 65% más de materia seca. Con 425 hectáreas regadas se logra la misma producción que con 757 en secano, liberando 300 hectáreas para agricultura. Además, la producción de leche por vaca pasó de 28 litros diarios en secano a 35,5 litros con riego.
Alfalfa bajo riego: una ventana de alto valor global
Salinas destacó que el mercado global de alfalfa moviliza unos 78.000 millones de dólares al año y proyecta alcanzar 101.000 millones para 2031. En ensayos con riego por goteo enterrado, la producción de materia seca aumentó entre 40% y 67%, pasando de 15,7 toneladas por hectárea en secano a 26 toneladas bajo riego. “El riego deja de ser solo un seguro contra la sequía para convertirse en el pasaporte a los estándares más altos de la industria”, afirmó el especialista.
Consultado sobre por qué incorporar riego, Salinas subrayó que el principal beneficio es la estabilidad ante la variabilidad climática. “Lo más importante del riego no es el salto de productividad, sino la estabilidad que le da a la producción. Permite cumplir los calendarios planificados”, concluyó. El experto también destacó la próxima 9° Reunión Internacional de Riego en el INTA Manfredi, donde se insistirá en que el riego es un cambio estratégico en el modo de producir.




