Del sillón de Rivadavia al holding diversificado
Alberto Pierri presidió la Cámara de Diputados entre 1989 y 1999, período clave para las privatizaciones. Su grupo económico se diversificó en sectores regulados, como las telecomunicaciones con Telecentro, y ahora buscaba ingresar al negocio del gas con la puja por Metrogas.
La oferta de Pierri compitió con la ganadora de Edenor, liderada por José Luis Manzano. La disputa muestra cómo los liderazgos surgidos del poder político de los noventa siguen dominando los grandes negocios de infraestructura en el país.
Sectores regulados: el foco del capital local
El interés por Metrogas refleja una preferencia por activos donde la rentabilidad depende de tarifas y concesiones estatales. Este sesgo prioriza el lobby y el conocimiento del entramado estatal sobre la innovación o la inversión de riesgo pura.
La presencia de exfuncionarios con alto poder de lobby condiciona la transparencia y la libre competencia en las licitaciones energéticas, según analistas. La falta de capital internacional en estas operaciones es una consecuencia de este fenómeno.
El activo intangible más valorado
La puja por Metrogas confirma que el paso por la gestión pública sigue siendo un activo clave para construir imperios económicos. La conexión política se ha convertido en una ventaja competitiva esencial en el mercado argentino de servicios públicos.
El caso de Pierri es un ejemplo testigo de este patrón: su trayectoria legislativa le permitió acumular el capital relacional necesario para disputar activos estratégicos. Mientras tanto, la economía real sigue supeditada a estas dinámicas de poder.




