Modelo mixto con participación estatal y privada
La nueva empresa se constituirá bajo el régimen de privatización establecido por la Ley de la Actividad Nuclear de 1997, que permite la participación estatal y privada. La CNEA mantendrá la propiedad de los activos y una acción de oro que le permitirá vetar cambios en el destino de las instalaciones. El socio privado aportará aproximadamente USD 200 millones para la construcción de la planta de radioisótopos, según indicaron las autoridades.
El funcionario explicó que el esquema busca superar las restricciones normativas que limitan la gestión dinámica de la CNEA en actividades comerciales. La iniciativa replicaría el caso de CONUAR, donde Pérez Companc tiene el 67% de las acciones desde hace cuatro décadas. Además, la nueva sociedad podría inscribirse en el RIGI, cuyos beneficios siguen vigentes.
Avance del proyecto y cronograma
El RA-10 presenta un avance del 96% y su criticidad podría alcanzarse antes de fin de año. Durante 2027 se completarán los ensayos y el licenciamiento ante la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), con lo que la entrada en operación está prevista para el segundo semestre de ese año. La tecnología fue desarrollada por INVAP y demandó dos millones de horas de ingeniería.
Actualmente, 530 personas trabajan en la obra. La inversión total ronda los USD 600 millones, financiados por el Estado. El reactor, de 30 MW de potencia, no generará electricidad, sino que producirá radioisótopos como el molibdeno-99, esencial para la medicina nuclear, y silicio dopado para la industria electrónica. También brindará servicios de irradiación y ensayo de materiales.
Impacto en la producción de radioisótopos
La nueva planta permitirá multiplicar por cinco la capacidad de producción del actual RA-3, alcanzando el 20% de la producción mundial de radioisótopos. El RA-3 quedará como respaldo para paradas técnicas o picos de demanda. La comercialización de estos insumos implica una logística compleja, ya que su ciclo de vida es de pocas horas.
El Gobierno también destacó que el RA-10 garantizará el acceso a investigación científica a través del laboratorio de haces neutrónicos, que conservará la CNEA. La construcción del reactor se inició en 2014 y se enmarca en un plan para modernizar las capacidades nucleares del país, con foco en usos médicos e industriales.




