La suba y el rol de Estados Unidos
Uno de los factores que sostiene la suba es la expectativa por la política comercial de Estados Unidos. El mercado sigue de cerca la posibilidad de que la administración de Donald Trump avance con nuevos aranceles sobre productos derivados del cobre, una medida que buscaría fortalecer la producción local y reducir la dependencia de importaciones de países como Chile, Perú y Canadá.
Mientras esa definición continúa pendiente, las compras anticipadas de cobre por parte de empresas estadounidenses se intensificaron. Durante el último mes ingresaron a los puertos del país más de 200.000 toneladas, el mayor volumen registrado desde que existen estadísticas comparables, lo que elevó los inventarios en Estados Unidos y redujo la disponibilidad del metal en otros mercados.
Señales de escasez en la oferta
Ese escenario comenzó a reflejarse en las existencias de la Bolsa de Metales de Londres, donde los stocks descendieron a su nivel más bajo de los últimos cinco meses. A la vez, el mercado exhibe una creciente presión sobre la oferta de corto plazo: los contratos con entrega inmediata cotizan por encima de los de plazos más largos, una señal que suele asociarse con escasez de suministro.
El ajuste también se refleja en la curva a plazo de la LME: los contratos a corto plazo se negociaron con una prima de 99,50 dólares por tonelada frente a los futuros a tres meses, un fuerte salto desde los 30 dólares de la semana anterior, marcando el mayor "backwardation" desde enero. Para los traders, esto apunta a una presión en la oferta a corto plazo.
Demanda estructural por IA y energía
Los especialistas coinciden en que la tendencia alcista no responde únicamente a cuestiones coyunturales. La expansión de las redes eléctricas, la transición hacia energías limpias, la electrificación de industrias y el crecimiento de la inteligencia artificial incrementan la necesidad de cobre, un metal clave por su elevada capacidad para conducir electricidad.
El desarrollo de grandes centros de datos representa uno de los principales motores de esa demanda. Estas instalaciones, esenciales para procesar modelos de inteligencia artificial y servicios de computación en la nube, requieren cantidades significativamente mayores de cobre que los centros de datos tradicionales debido a sus necesidades de infraestructura eléctrica y sistemas de refrigeración.
Proyecciones y desafíos para la oferta
Las proyecciones del sector anticipan que la capacidad global de centros de datos podría casi duplicarse antes de 2030, mientras que la inversión de las principales empresas tecnológicas en infraestructura superaría US$1 billón en 2027, con una parte importante destinada al desarrollo de plataformas de inteligencia artificial. En ese contexto, distintos estudios advierten que la producción minera podría no alcanzar para cubrir la demanda futura.
Algunas estimaciones proyectan que el déficit mundial de cobre podría llegar a 10 millones de toneladas anuales hacia 2040, equivalente a cerca de una cuarta parte del consumo previsto para ese período. El renovado interés por el cobre también vuelve a poner el foco sobre los proyectos mineros de América Latina, una región que concentra una parte importante de las reservas mundiales del metal. En ese escenario, Argentina aparece entre los países con mayor potencial de crecimiento a partir de los desarrollos de cobre que buscan avanzar en los próximos años.




