Demanda millonaria en construcción y operación
Los proyectos de litio demandarán, durante la construcción, alrededor de 200.000 m³ de hormigón por año, 45.000 toneladas de acero estructural, 7 millones de m³ de movimiento de suelos y unos 300 kilómetros de tuberías anuales. Además, se proyectan unos 6.000 módulos habitacionales por año y 1,7 millones de horas-hombre anuales de ingeniería en el pico de actividad.
En el caso del cobre, las magnitudes son mayores: 220.000 m³ de hormigón y 68.000 toneladas de acero estructural por año. En operación, la demanda conjunta de ambos minerales incluye 2 GW continuos de electricidad, 1.000 millones de m³ de gas natural, 470 millones de litros de diésel, 560.000 toneladas de soda ash y 1,2 millones de toneladas de cal por año.
El cobre cambia el tamaño de la oportunidad
El salto de escala está explicado principalmente por los proyectos de cobre, con inversiones potenciales de unos US$ 40.000 millones y una producción que podría alcanzar 1,25 millones de toneladas de cobre fino hacia 2040. Un proyecto de litio modelo requiere un CAPEX de US$ 500 a US$ 600 millones y 13 MW de energía, mientras que uno de cobre porfídico necesita entre US$ 3.000 y US$ 4.000 millones y 240 MW.
El empleo también refleja la diferencia: un proyecto de litio puede requerir entre 1.000 y 1.500 trabajadores en construcción, y uno de cobre hasta 9.000. “La minería va a ser un vector de desarrollo. Es importante saber cómo se van a insertar las economías regionales y cómo se van a insertar los distintos proveedores del país”, señaló Matías Ginsberg del CFI.
Capacidades existentes y desafíos de escala
La Argentina cuenta con una base industrial y de servicios que puede abastecer parte de las necesidades mineras, con empresas en metalmecánica, estructuras, piping, válvulas, bombas, ingeniería, movimiento de suelos y logística, entre otros rubros. La experiencia de Vaca Muerta aparece como plataforma para que empresas del Oil&Gas se reconviertan en proveedores mineros.
Sin embargo, los estudios señalan que la capacidad industrial no garantiza la incorporación automática. Las empresas deben superar filtros de calidad, seguridad, certificaciones y homologaciones, y contar con estructura financiera para contratos de mayor volumen. “Hay un desafío de escala. La demanda es rápida. Estar listo y tener certificaciones va a ser clave para dar un salto de escala”, explicó Francisco Abramovich, economista de la UIA.
Financiamiento y coordinación para no quedar afuera
El acceso al capital de trabajo es una de las principales restricciones para las pymes. El secretario general del CFI, Ignacio Lamothe, anunció que las provincias de la Mesa del Litio avanzan con fondos de garantía para acompañar a los proveedores. Además, se destacó la importancia de las alianzas entre empresas, como las UTE, para abordar contratos de mayor tamaño.
“Todo lo que se pueda hacer en Argentina hay que hacerlo”, sostuvo Alejandro Wagner, director de ProPymes de Ternium, quien remarcó que la metalmecánica local tiene capacidades para atender parte de la nueva demanda. La inserción de proveedores, advirtió Tomás Bril Mascarenhas de Fundar, no es automática y requiere mecanismos de articulación y políticas que reduzcan las barreras de entrada.




