La nutrición, factor clave para el rendimiento
Más allá de la mejora genética, los especialistas advierten que el avance requiere una nutrición adecuada. María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC, destacó la oportunidad de la nueva campaña: “Tenemos agua disponible y genética con un enorme potencial. El desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento”. Según la ejecutiva, un maíz de 120 quintales exige unos 260 kilogramos de nitrógeno y 48 de fósforo, entre otros nutrientes.
El balance de nutrientes en los suelos agrícolas argentinos sigue siendo deficitario: se repone menos del 40% de los nutrientes que extraen las cosechas. Esa brecha de aplicación explica, en gran medida, las diferencias entre los rindes actuales y los potenciales, que en promedio son un 30% inferiores.
Agua y nutrientes, una dupla inseparable
La campaña 2026/27 arranca con perfiles de suelo recargados en varias regiones productivas, lo que representa una oportunidad para el maíz. Sin embargo, Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR AC, remarcó que “contar con una buena oferta hídrica no garantiza la oferta de nutrientes”. Ensayos de la red de la entidad mostraron que una nutrición balanceada mejora la eficiencia en el uso del agua entre 22% y 44%.
En términos concretos, los cultivos bien nutridos pasan de producir menos de 12 kilogramos de grano por milímetro de agua a casi 17 kilos. En un escenario de 500 milímetros, esa diferencia equivale a unos 2.500 kilos adicionales por hectárea, un margen significativo para los productores.
Diagnóstico y fertilización, la ecuación para el éxito
Frente a esta coyuntura, el diagnóstico de suelos y la fertilización balanceada se vuelven herramientas imprescindibles. “Tenemos una oportunidad productiva que no deberíamos desaprovechar por deficiencias nutricionales que podemos anticipar y manejar”, dijo Ciarlo, y subrayó que la integración de agua y nutrientes es central para transformar los recursos en producción.
La reposición deficitaria de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc contrasta con el potencial genético disponible. Los especialistas coinciden en que cerrar la brecha de rendimiento no sólo requiere genética y agua, sino una estrategia que asegure la disponibilidad de nutrientes en los momentos críticos del cultivo.




